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Ya llegó octubre, para nosotros un mes especial. ¡Es el mes de la Semana de Cine Fantástico y de Terror de Donostia! ¿Y por qué es tan especial para nosotros? Por varias razones. La primera de ellas, obvia, porque nos apasiona el cine de terror. La segunda razón es más emocional, en un sentido personal: desde el momento que dio a luz Euskal Okela, hemos sentido el apoyo de la Semana y siempre se ha interesado por los avances, además de darnos una cobertura mediática clave y el honor de tener un hueco dentro de su programación.

Pero, y es aquí donde queremos hacer especial hincapié en este post, hay una tercera razón, profesional, por así llamarla. Como sabéis, el año pasado organizamos la Zombie Walkde Donostia, y muchos de vosotr@s sabéis también que para desarrollar Euskal Okela, entre otros proyectos, estamos creando una empresa, que se llamará Gugan. De Gugan ya os hablaremos más adelante, pero ambos datos son importantes por lo siguiente:

Vamos a organizar una serie de eventos durante la Semana, entre ellas la segunda edición de la ZombieWalk.Serán todos eventos participativos y nuestro reto es que año tras año vayan creciendo para que acaben convirtiéndose en nuevas tradiciones. ¡Empezamos humildemente, pero con muchas ganas!

Así que, sin más dilación os presentamos: Nekrogune. ¡Os animamos a participar!

Agosto Zombi

Euskal Okela no cierra por vacaciones. Si bien llevamos una temporada en silencio, es debido a que estamos haciendo un intenso trabajo interno y apenas nos queda tiempo para exteriorizar los resultados. Así que, aquí tenéis un resumen de nuestras últimas aventuras.

Nuestros objetivos, al empezar este año, eran tres: lograr un equipo sólido que centralizara el proyecto, un espacio físico donde trabajar y un entorno virtual acorde a las necesidades del proyecto. Pues bien, el equipo lo tenemos, el espacio también, y en cuanto al entorno, podemos decir que después de unos cuantos contratiempos, está en marcha.

¿Y esto es lo que nos ha llevado tanto tiempo? No exactamente. Porque este tiempo, ha servido también de reflexión y nos ha ayudado a darnos cuenta del compromiso que requiere este proyecto. Por eso, hemos invertido y estamos invirtiendo la mayor parte de nuestro tiempo en crear una empresa. Sí, una empresa, habéis leído bien. Un negocio que nos de comer y que sostenga al mismo tiempo Euskal Okela. Porque a fin de cuentas, Euskal Okela es un proyecto a largo plazo y necesitamos otros a corto y medio plazo. Necesitamos y queremos, porque nuestra creatividad y ganas de hacer cosas diferentes e innovadoras es tal, que una estructura empresarial nos es vital.

Como os podéis imaginar montar una empresa es un proceso bastante complejo y nos llevará todavía un tiempo. Pero iremos comentando los avances y prometemos estar más activos en el Social Media. ¡Muchas gracias a todos los que nos habéis escrito preguntando e interesándoos por la salud del proyecto! Durante estas semanas, iremos contestando a todos los correos y comentarios que nos habéis dejado.

Mila esker. ¡Mil gracias a tod@s por apoyarnos!

¡Feliz Zombi-aniversario!

Un añito que acabamos de cumplir, y ni tiempo para celebrarlo. Como algunos habréis notado, llevamos unas semanas en silencio. No porque le estamos haciendo poco caso, sino por todo lo contrario: cada día estamos más seguros y motivados.

Lo que pasa, es que estamos en la fase menos visible: la escritura del guión, la redacción y organización de los procesos Transmedia que acompañarán al guión, la infraestructura para que podamos trabajar en buenas condiciones, el diseño del entorno virtual, y muchas reuniones para presentar el proyecto en busca de más apoyos. Y aquí viene los más complejo: empezar a reunir el capital base que sostenga toda la estructura. Todo eso requiere su tiempo y va más lento de lo que nos gustaría.

Así que, en pocas palabras, Euskal Okela es un zombi lento, sí, pero está muy pero que muy vivo. ¡Feliz primavera-Zombi a tod@s! ¡Por una Euskadi ultragore caníbal!

Filosofía Zombie

Cuando el ser humano habla de igualdad, me echaría a reír, si no fuese por el hecho de que estoy muerto. No existe la distinción entre mis semejantes, todos somos iguales, no amamos más a unos que a otros. Ni siquiera conocemos el amor. Jamás me he parado a admirar un rojizo ocaso, no he apreciado la belleza de la luna, ni sentido la soledad que transmite, acechante entre la densa capa de nubes. No sentiría ninguna emoción ni aunque escuchase la melodía más bella y envolvente jamás creada en el mundo. En efecto, carezco de cualquier sentimiento.

En nuestro mundo no existen las diferencias. Tratamos con igual aprecio a todo organismo viviente, sea hombre, mujer o vaca. No competimos para vivir, ni para morir. El único contacto es el físico, y únicamente sucede cuando nos agrupamos en torno a un cuerpo para alimentarnos de él. Nuestra convivencia, si es que se puede denominar así, es de lo más pacífica.

Es cierto que jamás seremos capaces de recordar la vida llena de sentimientos que albergó nuestro cuerpo algún día, y tampoco nos hace falta. Jamás comprenderemos el significado de una lágrima, ni sentiremos estallar de alegría cuando cambie a bien nuestra vida: porque nuestra vida no cambia nunca. La auténtica muerte solo llegará cuando alguien separe nuestra cabeza del tronco, o cuando destrocen de alguna forma nuestro cerebro. Pero hasta entonces, viviremos aislados, sin formar una sociedad. No crearemos grupos de miembros afines a una causa. No sentiremos la necesidad de ayudar, ni de ser amables. Somos la prueba muerta de la teoría evolutiva de Darwin: hemos suprimido toda capacidad u órgano que no sea necesario en nuestra no-vida, y los sentimientos, cuando estás muerto, sobran.

Pero no os creáis que estar vivo es mejor. Es, simplemente, diferente. Vosotros también os coméis los unos a los otros, y ni siquiera es un acto instintivo, sino premeditado. En la historia de la humanidad, el bienestar de unos pocos siempre ha pervivido a costa del sufrimiento de todo el resto. ¿A qué dantesca mente se le ocurriría tal forma de convivencia? Pues exactamente a las suficientes como para que la historia, en este sentido, no haya cambiado nunca.

¡Basta ya de jactarse de la fuerza y el poder! ¡Basta de honrar la tecnología como si fuese el dios todopoderoso! Tener la técnica no significa hacer buen uso de ella, y desde luego no te garantiza ningún tipo de justicia. En todo caso, puede propiciar desigualdades. ¿Es que no os dais cuenta? Os pasáis el día en el trabajo, o viendo la televisión en el sofá, con vuestro cerebro abierto de patas pidiendo a gritos que le follen a destajo. Y así día tras día, hasta que se completa la lobotomía. No saber es malo. Pero vosotros creéis saber, y eso es mucho peor. Así que no os confiéis, y no os ceguéis con vuestra capacidad de superar constantemente cualquier tipo de límite. Porque  aunque creáis ser los más poderosos del universo, más  incluso que la propia madre naturaleza, sabed que lo único que tenéis asegurado en vida es la muerte. Y ahí sí, ahí todos somos iguales.

Autor: Mikel Izagirre

 

¡Guionizando!

Aquí estamos, metidos de lleno en la escritura del guión. Desde que empezó el 2011 en ello andamos y como habréis visto, últimamente estamos colgando  “trozos” novelizados de la historia, que suponen puntos conflictivos para nosotros. No nos ponemos de acuerdo, así que nos gustaría que nos hicierais propuestas para solucionar esos dichosos puntos. Por lo demás, acabamos de llegar a la fase de disfrute total.

Al principio, cuando se empieza a escribir, el paso es inseguro, lleno de dudas y se ve todo desde lejos, en general, como visto a través de unos prismáticos. Poco a poco se va entrando en la historia, primero como espectador de última fila, para pasar más tarde a la primera fila. Y entonces, un día, entras dentro de la pantalla. De repente, estás con los personajes, eres uno más y vives sus aventuras y desventuras. Ése es el mejor momento. Las cosas salen de forma natural, sin forzar y hay una conexión emocional con el guión. Y hasta van apareciendo ideas, influencias y detalles de forma inconsciente. Por ejemplo, el cine de Takashi Miike y Park Chan-Wook nos está influenciando bastante, sin que lo hubiéramos planeado.

Os dejamos con un mítico videoclip que refleja muy bien esa sensación de inmersión total y conexión emocional con la historia.

Realidades narrativas

Empieza un nuevo año y nueva etapa para Euskal Okela. Después de unos cuantos meses investigando otros proyectos transmedia, además de fórmulas de distribución y financiación alternativas, ahora nos toca poner lo aprendido en práctica Y qué mejor manera, que empezando por el guión.

Así que hemos empezado a definir seriamente el universo Euskal Okela. Y para ello, estamos teniendo muy en cuenta un par de realidades. Primera realidad: es una película de bajo presupuesto. Así que queda claro que no podemos ser como Zombieland o The Walking Dead. Nos toca cambiar secuencias “caras” por imaginativas. ¡La imaginación al poder!…  Y “que no se note que es barata”. Ése es el reto. Pero se puede, muchas de las pelis de los ochenta que admiramos, siguieron esa filosofía. Buscamos ese  “humilde encanto”.

Y segunda realidad. Somos consientes del boom que está teniendo la temática zombi. Pero las modas duran poco y estamos seguros de que Euskal Okela llegará tarde. Por eso, queremos contar algo distinto. Un punto de vista original. Nuestro sueño es que Euskal Okela sea un eslabón más en la cadena de pelis de zombis que merecen la pena ser vistas. Queremos darle un contenido atemporal, por decirlo de alguna manera… Esperamos contar con vuestra ayuda para todo ello.

 

El polvo de los muertos

Todo es cuestión de modas, y toda moda tiene su principio y final, si bien algunas duran milenios y uno puede ser testigo de su principio o de su fin, pero no de ambos. Y a mi generación le tocó vivir el final de una que parecía inmortal: el ritual del enterramiento. El desinterés espiritual de la que mi generación alardeaba y sobre todo, el cada vez más caro y precioso metro cuadrado de tierra gracias a la especulación, habían condenado a los enterramientos a una muerte rápidamente olvidada en una fosa común.

La incineración era ya la única forma de despedir a los muertos. Los cementerios se exhumaron, ardieron, se recalificaron y se convirtieron en solares para grandes edificios. Así las cosas, la típica imagen fantasiosa de un muerto levantándose de su tumba, arañando la tierra con sus manos podridas y alzándose boquiabierto y hambriento de carne humana, resultaba tan fantástica ahora, que ya no resultaba para nada atrayente. Al fin y al cabo, lo que precisamente nos atrae de las fantasías, es la posibilidad, aunque sea ínfima, de que se conviertan en realidad. Y los muertos vivientes, no conservaban ni esa remota posibilidad.

Las cenizas de los muertos formaban parte de las rocas, de los prados, de los árboles, del fondo marino, de las nubes, de las flores, de los intestinos de los animales, de nuestros pulmones. Motas de polvo que configuraban la naturaleza y todo lo que contenía… Comunión total con la naturaleza. Bucólica y bella metáfora real, ¿verdad? Podía haberlo sido. Pero el polvo de los muertos, tiene más de muerto que de polvo, y eso lo comprendimos demasiado tarde.

El polvo de los muertos tuvo hambre. Se desprendió de las rocas, de los prados, de los árboles, del fondo marino, de las nubes. Se alzó en el aire proveniente de todos los rincones del mundo y formó una especie de tornado o tormenta de arena, una tormenta de polvo antropófaga que recorre, y recorrerá, el mundo entero por siempre. También ocurrió lo mismo con el polvo que era ya parte del ser humano, anclado a sus pulmones, a la piel o a los intestinos. Pero antes de reunirse con el grueso del ciclón, estas motas devoraron por dentro y hacia fuera a sus huéspedes. Una licuación interna de carne y un estallido brutal de sangre como final apoteósico.

Los pocos que quedamos con vida nos dedicamos a huir. La meteorología es nuestra única arma. Predecimos su dirección y corremos en dirección contraría. Porque uno se puede esconder de un muerto viviente y crear sólidas defensas. Pero el polvo siempre vence. Quizá después de todo, los muertos no se enterraban como símbolo religioso, quizá, se trataba una forma de evitar que escaparan cuando volvieran a la vida. Encerrados en un ataúd de dura madera, con dos metros de tierra sobre ellos y una pesada losa de granito cerrando la entrada, el mundo hubiera estado más seguro. Benditos cementerios.

Autor: Jon .K. Sánchez

La Cabaña

La cabaña estaba encajada en una garganta de altas paredes de piedra caliza y rodeada de espesos bosques de pinos. Formaba parte de una de las rutas de paso para supervivientes, reconvertidos en nómadas como hace miles de años. El eterno retorno, como dijo Nietzsche.

Me tendí sobre un viejo colchón de paja y miré alrededor. Aquí y allí se apilaban recuerdos de otros muchos nómadas, objetos que tuvieron que dejar para liberar peso, algo que todos los supervivientes, sin excepción, hacemos: deshojamos nuestro pasado porque el presente es demasiado pesado. Tazas, marcos de fotografías sin fotografías, un crucifijo de oro enganchado a un clavo oxidado, un carnet de identidad de plástico mordisqueado, aquel último modelo de iPhone cubierto de barro… La cabaña estaba a más de novecientos metros desde el nivel del mar y resultaba casi inaccesible incluso para la agilidad humana, así que era normal que llegados a este punto, ya no cargáramos con objetos grandes y pesados.

Pero hubo un objeto que me llamó la atención especialmente. Se trataba de un rotulador que esperaba encajonado entre una de las paredes y un carcomido mueble. ¿Por qué se habría molestado alguien en llevar hasta allí una herramienta para escribir? Me pregunté. Hacía tiempo que la escritura no servía de nada y lo único que leíamos ya eran los rastros de sangre. Curioso, me incorporé y me acerqué a él. Entonces vi que había sido utilizado en la pared. Las letras negras se erguían orgullosas y brillantes:

“Anoche tuve un sueño. Estaba en mitad de una ciudad abandonada hacía mucho. Entonces, como fruto de un truco de magia, un cadáver apareció ante mí, tumbado sobre una camilla de hierro oxidado. Después, un hombre apareció a mi lado, con un enorme ramo de flores, de todos los colores, entre las manos. En ese momento me di cuenta de que el cadáver estaba agujereado de pies a cabeza. El hombre se acercó al cadáver y comenzó a encajar las flores en los agujeros. Cuando hubo terminado, el hombre desapareció, los agujeros del cadáver se cerraron en torno a las flores, y éstas, comenzaron a crecer y a brotar como un arco iris sólido. Después desperté”.

Confuso, volví al catre. Y dormí, profundamente. Incluso soñé, cosa que no hacía desde que empezara la Epidemia. Y soñé el mismo sueño, idéntico, hasta en el último detalle. Me desperté feliz, esperanzado, vivo. Y así, sonriente y feliz, seguí mi marcha a través de la garganta. ¿Por qué había llevado alguien hasta allí aquel rotulador? Cuando no queda nada que contar, la palabra escrita es la voz incansable de los sueños y retornos.

Autor: Jon .K. Sánchez

Nota de despedida

Querido Adur.

Querido… Querido… ¿Suena mal, no crees? Como frío, distante, sin vida… Aunque pensándolo mejor, resulta bastante… bastante… Se me atascan las palabras, deben de ser los efectos secundarios… ¡Oportuno!, Sí, eso, ¡oportuno! Ésa es la palabra que buscaba. ¿Bastante oportuno, no crees?… “Las creencias son hijas bastardas de la esperanza”, como dijo un escritor, creo que Ambrose Bierce, aunque puede que no, puede que sea de mi propia cosecha. Qué más da…  La esperanza está muerta y enterrada. Es lo único que está enterrado y que nunca se levantará de su tumba.

En estos momentos, la sangre de un zombi está corriendo por mis venas, transformando mis células, cambiando hasta mi código genético. Le he dado cierto romanticismo al asunto. Tanta mutilación, mordisco, desgarro, destripe… Nunca me ha gustado ser como los demás. Nunca he sido una oveja en el rebaño y tampoco lo seré a la hora acudir al matadero. Y entonces, recordé cuanto te gustaban las historias de vampiros. Esos mundos góticos, con todas esas muertes elegantes, resurrecciones románticas y oratoria sentimental. No podré controlar lo que pase cuando resucite, pero controlaré hasta el último segundo anterior. Por eso, en tu honor, decidí cazar a uno de ellos. Y antes de pegarle un tiro en la cabeza, lo até, lo amordacé, le hice dos pequeños agujeros en la yugular y recogí su sangre en una copa dorada. Sólo me faltaba estar en un castillo, música de violín y una tormenta resplandeciendo tras las ventanas.

Ahora estarás en pie, ante la mesa, leyendo esta nota. Olerás a aftershave. Debes de ser el único ser humano sobre la tierra que sigue afeitándose y preocupándose por su aspecto, como si todo esto no fuera más que un mal sueño. Tú siempre tienes esperanza. Incluso después de tanto tiempo atrincherados aquí dentro. Nunca has dejado que me resignara y aceptara la realidad. Es más, me has hecho responsable de tu esperanza. Una carga, una carga que he llevado demasiado tiempo y que me ha destrozado. Una carga que me ha torturado y ha hecho insoportable cada día que hemos pasado juntos. Tu esperanza ha sido mi condena.

Mientras lees esto, el reloj estará dando las cuatro. Tan típico de ti, manteniendo un reloj en marcha, como si el paso del tiempo importara. Las cuatro… A las dos me habré metido en el armario, apenas sin pulso y con la fiebre alta. En dos horas habré muerto… A las cuatro y diez segundos, mi mano habrá abierto la puerta del armario. A las cuatro y trece segundos habré salido fuera, en silencio. A las cuatro y quince segundos te habré visto. A las cuatro y dieciséis segundos, estaré deseando devorarte. Te dije que iba a controlar hasta el último segundo. Ahora date la vuelta y hablemos de esperanza.

Tu querida Elaia.

Autor: Jon .K. Sánchez

Y el telón no bajó

Dignificado por la muerte, Hamlet se desplomó. Su cuerpo yacía en el ornamentado suelo del castillo y a medida que pasaban los segundos, la grandeza propia de los héroes trágicos se iba reflejando en su rostro apagado. Había sellado el destino del trono de Dinamarca, había vengado a su padre y había dejado un legado de justicia y honor. Así es el poder supremo de la muerte. La muerte todo lo perdona y la vida no es más que un breve lapso de tiempo para pagar deudas. Inspiraba tanto respeto aquel cuerpo sin vida como las ruinas de un imperio desaparecido, en pie orgullosas e impasibles ante las agujas del tiempo.

De repente, el pecho de Hamlet se hinchó, eructó con violencia y una vomitona verdosa cayó por sus elegantes ropajes como un alud a través de bellísimos parajes. Gritó algo ininteligible mientras gases pútridos salían a presión de sus orificios, como agua caliente en una tetera. Mientras se incorporaba, un líquido viscoso y rojizo comenzó a llover desde su nariz, tapizando grotescamente el elegante suelo. Hamlet se miró las manos, que le dolían horriblemente. Las uñas se le desprendían como hojas otoñales y un hedor insoportable emergía desde aquellos pequeños ventanales de carne purulenta. La vida, la vida volvía a él, pero acompañada de todo lo repugnante que la muerte física posee, y que el mundo se afana por ocultar.

Hamlet miraba a su alrededor con rostro sudoroso, henchido y desencajado. Nada quedaba ya de la majestuosidad que le había dado la muerte. Con los ojos inyectados en terror y locura, vio a su madre recostada, como la Virgen de un tríptico, junto a su copa envenenada; a Laertes, tendido con la espada entre sus manos como un relieve en el mármol, incluso su despreciable tío conservaba un halo de dignidad inmortal propia de una poema elegíaco. Todos menos él. Su venganza había creado la sinfonía de muerte más bella, pero su compositor era la fealdad viva más absoluta.

Entonces el príncipe Fortimbrás entró.

Dejando un rastro de carne derretida y pus,

Hamlet hasta él gateó.

El nuevo heredero no pudo más

que dar un paso atrás

y aguantar las nauseas

por semejante hedor.

Arrodillado ante sus pies,

Hamlet una muerte digna pidió.

 

Fortimbrás  su espada desenvainó

y su corazón atravesó.

Pero muerto estaba ya y de nada sirvió.

Fortimbrás su cabeza cortó,

pero su cabeza, desde el suelo,

gimiendo y observando siguió.

Fortimbrás desmembró, troceó

y el cuerpo del antiguo heredero

aún suplicante en un baúl guardó.

 

Y lo que debió ser un funeral de honor,

en un vergonzoso secreto se convirtió.

Autor: Jon .K. Sánchez